Está visto que el Camp Nou no está acostumbrado a que las cosas sean como son. Lleva años la culerada viendo cómo al Barça se le consiente todo todito todo que, claro, cuando llega un árbitro con un par de narices como Teixeira y pita lo que hay que pitar, se llevan las manos a la cabeza. Sólo hay que recordarles a algunos que Teixerira es del mismo colegio del que fue Sánchez Arminio, ahora presidente y guía espiritual del Séptimo de Caballería, ese ejército de árbitros que acude al rescate del barcelonismo desde que Laporta y Gaspart ayudaron a Villar a ganar unas elecciones. Teixeira Vitienes estuvo mal, en efecto, porque en el minuto 35 tuvo que señalar un penalti de Abidal a Pedro Rios. No es que fuera como una catedral, pero sí más claro que el que se inventó Iturralde en el Barça-Espanyol. Asimismo, el gol de Messi, el 1-0, también lo pudo anular porque Ibra-inmóvil se hallaba en la trayectoria del balón y hasta tuvo que hacer un escorzo para que el balón no impactara en su esqueleto. De ser árbitro, yo también hubiera concedido el gol, pero no tendremos que esperar mucho tiempo para ver cómo se anulan algunos goles así, especialmente si se los meten al FCB.
En cuanto a las expulsiones, nada que objetar. La de Piqué es de juzgado de guardia y si esa entrada la hubiera hecho CR9 o cualquier otro madridista, a estas horas la caverna mediática barcelonista estaría solicitando para él la cadena perpetua... en el mejor de los casos. Y la de Márquez, para qué hablar. Penalti y expulsión de manual, como enseñan en todos los ejercicios espirituales esos que se montan los árbitros de vez en cuando para no arreglar nada, porque cada vez se equivocan más, tienen las cosas menos claras y hay menos unificación de criterios. Cada cual va a su bola.
Y encima hay que soportar sus lloriqueos, aguantar su tradicional victimismo, sus mentiras cuando dicen que los árbitros se someten a la campaña mediática de la caverna mediática españolista o que los perjudican. Qué desfachatez. Hay que tener un rostro como el cemento armado para decir esas cosas.
En el Bernabéu, en cambio, el árbitro se ragó un penalti de libro a Raúl y alguna que otra expulsión, de lo cual no se ha quejado nadie porque cuando ganas lo mejor es callarse, pasar página y no hacer el chorra.
Autor / Fuente: José Vicente Hernáez
|